
No hace mucho tiempo, en un pequeño pueblo, un pequeño niño necesitaba una gran ayuda: Ver a alguien sonreír.
Él se sentía muy triste debido a que en un pueblo tan pequeño con gente tan servicial y trabajadora no veía en ninguna persona un espíritu elevado.
Las personas de “Villa Colores” eran respetuosas, amables, tranquilas. Pero el problema surgía a partir de que nadie se conocía. Padres sin hijos… y niños sin padres.
Sin embargo, el pequeño no daba su brazo a torcer, no perdía sus esperanzas. Pablo saludaba a cada habitante del lugar con una gran sonrisa, pero detrás de ella una gran tristeza… pues él era un pequeño sin padre.
Un explorador, que, de casualidad viajaba de pueblos en pueblos… Buscaba uno en el cual la tristeza abunde, así él les enseñaría a tener una mejor vida. En el transcurso de su camino, Juan, el explorador, vio tropezar a aquel niño que seguía con su búsqueda. Pablo al ser levantado por Juan vio en este una gran sonrisa, resplandeciente y que demostraba una gran esperanza y confianza. Al niño se le cayeron unas cuantas lágrimas, pues su búsqueda ya había finalizado. El explorador y el pequeño niño, compartieron muchos momentos juntos y felices. Ambos tuvieron más de lo que quisieron: Pablo un padre… Juan un hijo…
Y el pueblo vivió muy feliz gracias a las enseñanzas de Juan y la experiencia mejor vivida… Les enseño a que nunca deben perder la esperanza y que jamás deben dejar de buscar, pues muy pronto encontraran el tan anhelado tesoro…
FIN
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