martes, 25 de diciembre de 2007

Dí lo que sientes...


Siempre di lo que sientes y has lo que piensas.

*Si supiera que hoy fuera la última vez que te voy a ver dormir, te abrazaría fuertemente y rezaría al Señor para poder ser el guerdián de tu alma.

*Si supiera que esta fuera la última vez que te vea salir por la puerta, te daría un abrazo, un besos y te llamría de nuevo para darte más.

*Si supiera que esta fuera la última vez que voy a oír tu vos, grabaría cada palabra para poder oírlas una y otra vez indefinidamente.

*Si supiera que estos son los últimos minutos que te veo te diría "te quiero" y no asumiría, tontamente, que ya lo sabes.
Siempre hay un mañana y la vida nos da otra oportunidad para hacer las cosas bien, pero por si me equivoco y hoy es todo lo que nos queda, me gustaría decirte cuánto te quiero y que nunca te olvidaré.
El mañana no le está asegurado a nadie, joven o viejo.
Hoy puede ser la última vez que veas a los que amas.
Por eso no esperes más, hazlo hoy, ya que si el mañana nunca llega, seguramente lamentarás el día que no tomaste tiempo para una sonrisa, un abrazo, un beso, y que estuviste muy ocupado para concederle a alguien un último deseo.
Mantén a los que amas cerca de ti, diles al oído lo mucho que los necesitas, quiérelos y trátalos bien, toma tiempo para decirles "lo siento", "perdóname", "por favor", "gracias" y todas esas palabras de amor que conoces.

Nadie te recordará por tus pensamientos secretos.

Pide al Seños la fuerza y sabiduría para expresarlos.

viernes, 21 de diciembre de 2007

Porque te Amo...


Por lo que viví,
Por lo que me sucedió,
Por lo que deseé,
Por lo que quiero,
Por el amor que siento por ti,
Por lo que viví a tu lado,
Por tus caricias...
Por mi sufrimiento,
Por mi tristeza,
Por no ser un obstáculo para ti...
¡Por todo me alejo!
No quería hacerlo
De verdad que no!
Pero no encuentro otra solución a lo que me sucede...
Ni siquiera en la distancia dejo de amarte!
Por eso Ahora o Nunca...
Y prefiero el Ahora...
                                                                                                          Porque te Amo te digo:
¡Adiós!

jueves, 20 de diciembre de 2007

¡Perdóname!


Perdón...
... porque tal vez no salió como esperabas.
... porque tal vez me equivoqué contigo.
... por no haberme arriesgado por ti.
... porque sólo lo que escribo te expresan lo que siento.
... por ser tan cobarde y no decirte que verdaderamente me Enamoré de ti.
... porque mi estupidez te hizo enojar más de una vez, yo lo sé.
... porque sólo aquí puedo decir lo que siento por ti.
... por haberme alejado de ti.
Perdóname... por las recurrentes preguntas que me hago y no decirte de frente...
Perdóname amor mío... aunque sé que no lo eres...
Simplemente... ¡Perdón!
Tan sólo eso quiero... que me perdones!

Lloré!!!!

Sí, lo hice... ¡LLORÉ! Y me sentía una estúpida cuando lo hacía y me siento una estúpida...
Me sentía una tonta, como si hubiese perdido algo. Pero no era ese el motivo por el cual lloraba; el motivo era quererlo tanto.

Además, se sumaron otros motivos... las causas que dieron origen a mi llanto eran la confusión, los celos, la incertidumbre...

Y lloraba porque no sé qué hacer conmigo. Si dejar de amarlo o no. Y es que siento que él me quiere... pero... Hay algo, o alguien... o tal vez él mismo que lo hace dudar... y me involucra a mí.

En estos momentos ya no tengo motivo alguno para seguir con esto, con este amor que tan loco surgió, que tan disparatado se fue formando y que quién sabe si acabará. El único motivo que encuentro para seguir es que mi corazón quiere avanzar, aún así todo lastimado, sangrando, ¡pero quiere seguir! Tal vez yo sea de una gran espíritu...

Solo que ahora no encuentra fuerzas para levantarse, siento que mis esperanzas me abandonan diciendo: "Esta chica ya no puede más."

Yo extiendo mis brazos, y no hay nadie que me levante... Otra vez quiero llorar.
Y sigo en el suelo, sin fuerzas, mi corazón sigue sangrando y me ahogo entre mis lágrimas... me siento tan desdichada. Sólo estoy en el suelo con los brazos extendidos esperando a que alguien ayude a levantarme. ¡Qué estúpida me siento!

¡Ahora hasta mi orgullo parece abandonarme!

Ahora sólo quiero descansar un poco, quizá mañana me recupere...
Tan sólo espero a que un día brille el Sol para mí.

sábado, 15 de diciembre de 2007

○•Carta de Jesús en Navidad•○



Como sabrás, nos acercamos nuevamente a la fecha de mi cumpleaños. Todos los años se hace una gran fiesta en mi honor, y creo que este año sucederá lo mismo. En estos días, la gente hace muchas compras, hay anuncios en la radio, en la televisión, y en todas partes no se habla de otra cosa que no se lo poco que falta para que llegue ese día. La verdad, es agradable saber que, al menos un día, varias persona piensan un poco en mí.

Como ya sabes, hace muchos años comenzaron a festejar mi cumpleaños. Al principio no todos parecían comprender y agradecer todo lo que hice por ellos, pero hoy en día casi nadie sabe para qué celebra. La gente se reúne y se divierte mucho, pero no sabe de qué se trata. Recuerdo el año pasado, al llegar el día de mi cumpleaños, hizo una gran fiesta en mi honor, pero ¿Sabes una cosa? Ni siquiera me invitaron. Yo era el festejado; y ni siquiera se acordaron de incluirme. La fiesta era para mí y cuando llegó mi gran día, me dejaron afuera, me cerraron la puerta… y yo quería compartir la mesa con ellos (Ap. 3,20). La verdad, no me sorprendió, porque en los últimos años muchos me cierran las puertas. Como no me invitaron, quise de todos modos acompañarlos sin hacer ruido y me quedé en un rincón. Estaban todos bebiendo, había algunos borrachos contando chistes, a las carcajadas; la estaban pasando en grande. Para colmo llegó un viejo gordo de barba blanca, vestido de rojo, gritando “jo, jo, jo”, parecía que había bebido de más; se dejó caer pesadamente en un sillón y todos los niños corrieron hacia él diciendo “Papá Noel, Papá Noel”, como si la fiesta fuera en su honor. Llegaron a las 12 de la noche y todos comenzaron a abrazarse; yo extendí mis brazos esperando que alguien me abrazara. Y, ¿sabes? Nadie me tuvo en cuenta.
Tal vez creerás que yo nunca lloro, pero esa noche lloré; me sentí abandonado y olvidado. Me llegó muy hondo, pero al pasar por tu casa, vos y tu familia me invitaron a pasar, además me trataron como a un rey. Vos y los tuyos realizaron una verdadera fiesta en la que yo era el invitado de honor.

Quiero bendecir a todas las familias como la tuya, yo jamás dejo de estar con ellas ese día y todos los días. También me conmovió el pesebre que pusieron en un rincón de tu casa. ¿Sabías que hay países en donde están prohibiendo poner nacimientos? ¡A donde irá a parar el mundo! Otra cosa que me asombra es que el día de mi cumpleaños, en vez de hacerme regalos a mí, se regalan unos a otros. ¿Qué sentirías si se hicieran regalos unos a otros y a vos no te regalaran nada? Una vez alguien me dijo: “¿Cómo te voy a regalar algo si nunca ter veo?” Ya te imaginarás lo que le dije: “Dale comida, ropa y ayuda a los pobre y necesitados, visita a los enfermos y a los que están solos; cada vez que lo hagas con el más pequeño de tus hermanos, lo estás haciendo conmigo” (Mt. 25, 34-40).

Recuerdo lo que sucedió a un anciano llamado Juan; en uno de mis cumpleaños anduvo de casa en casa pidiendo ayuda porque tenía hambre y no tenía familia. Tocó muchas puertas sin que en ninguna lo atendieran; se dio por vencido al ver que ni siquiera esa noche iba a sentir el calor de un hogar. “¿Qué te pasa, Juan?”, le pregunté. “Es que nadie me invitó a pasar”. Yo me senté a su lado y le dije: “No te aflijas, a mí tampoco me han dejado entrar”.
Pero te voy a contar un secreto; como casi nadie me invita a la fiesta que hace, estoy pensando hacer mi propia fiesta, algo grandioso como jamás te podrás imaginar. Una fiesta espectacular con grandes personalidades: Abraham, Moisés, el rey David y otros. Todavía estoy haciendo los últimos arreglos, por lo que quizás no sea este año. Estoy enviando muchas invitaciones y hoy querido amigo, hay una invitación para vos. Sólo quiero que me digas si quieres asistir, así te reservo un lugar, y escribiré tu nombre con letras de oro en mi gran libro de invitados. Prepárate porque cuando todo esté listo, daré una gran sorpresa. Un abrazo.

Tu amigo del alma, 
Jesús de Nazaret.

miércoles, 12 de diciembre de 2007

Interrogaciones...


¿Cómo fue?
O mejor dicho... ¿Cuándo fue?
Las interrogaciones no me dejan estar tranquila, solamente el mirar tan hermoso cielo azul me serena.
¿Cómo haz llegado? No lo sé, tampoco sé la razón de tu existir...
La brisa mece mi cabello, y me obliga a preguntar, respuestas que no encontrará aún.
El paisaje calma mis ansias, pero el trinar de aquellas aves interrumpe aquel momento de silencio, como si fuese un luto.
No perdí nada todavía, porque no he ganado... todavía...
Las cosas sucedieron de esta manera, y me dejé llevar por las circustancias, porque mi corazón me rogaba que así lo hiciera.
¿Quién me puede explicar que Amar es mucho más de lo que uno espera?
Ni siquiera lo busqué, ni siquiera lo necesité; llegó a mí volando por las ráfagas del viento. Se incrustó en mi corazón y ahora se alimenta de mi ser.
¿Cómo condenar a este sentimiento si sus dulces palabras hacen que brote lágrimas de felicidad?
A veces desearía que no te encontraras en mí, pero me dí cuenta que fui yo la que escapaba de tí, de que ingresé a un túnel oscuro...
No entiendo porqué... Si dicen que el Amor es lo más hermoso que te puede pasar, ¿cómo es posible que haga tanto daño a la vez?
¿Es que quizá tenga que dejar que me seduscas con tu fragancia?
Haces más fuerte mi razón de ser, mas también debilitas a mis otros sentimientos.
Estás en cada suspiro mío, estás en mi pensar; incluso estás cuando quiero olvidarte.
¿Seré tan ingenua que nunca probé el daño, ni el dolor?
Amar es tan misterioso como aquel muchacho que llegó a mí, sin saber porqué.
Amar es vivir cada instante cuán hermoso sentimiento.
Y... si amar es vivir aquellas caricias que compartí con él, ¿porqué ahora sólo vivo de recuerdos?
Todo tiene un principio y un final... Sin embargo, lo nuestro jamás tuvo comienzo, ¿cómo creer que culminará?
La espera es mi única compañera en este momento, y supongo que ya se cansa de mí.
Por lo pronto deseo poder quererte sin atormentarme por sentirte dentro de mío.

[[Sintiendote Lejos]]


Si esta decisión que he tomado es buena, entonces, espero poder dejar de sufrir. Mi cabeza apoyada sobre mi mano, y yo aquí escribiendo. Es tan grande la tristeza que llevo dentro que tan sólo suspiro recordándote, alejándome de ti. Pensando, y mi mente vagabundea solitaria buscando alrededores, buscando algún arcoíris, algo que la haga feliz, pero lo único que encuentra son los recuerdos de tu risa y sonrisa, y la de tu mirada que me hacen tan feliz.
Todo esto me parece tan absurdo y complicado a la vez, porque tan sólo quiero estar tranquila, en paz... Me encontraba meditando sobre qué es lo que quería. Y lo que en verdad quiero es olvidarte por un día y dejar de sufrir.
Y, por querer dejar de de sufrir me alejo, y lo dejo a él, que simplemente siga admirando la belleza de la otra joven. Todo para que yo esté tranquila, para que no sea un obstáculo más para mí ni yo para él; aunque no sé si eso sea posible. Y para que mi relación de amistad con él no se arruine, y las caricias que alguna vez compartimos queden en olvido, como si lo que pasó nunca debió suceder.
Me duele mucho hacer esto, me cuesta no estar cerca de él... Pero... ¿qué otra cosa puedo hacer?,
¿decirle lo que siento?, ¿se lo merece?

jueves, 6 de diciembre de 2007

~El Hombre Ideal~


"Mi búsqueda no es sencilla. A mi paso he visto a muchos hombres, pero aún continúo en mí pesquisa, porque lo que yo deseo, solamente, es un hombre.

Un hombre tan seguro de si que no tema mi plena realización como mujer y que jamás me considere su rival, sino que seamos eternos compañeros el uno para el otro.

Un hombre que no tema a la ternura. Que se atreva a ser débil cuando necesite recobrar fuerzas para la lucha diaria. Que no piense que al amarme lo derroto, o que al amarlo me aniquila.

Un hombre que me proteja de los demás y de mí misma. Que conozca mis errores, los acepte y me ayude a corregirlos.

Un hombre que sepa reconocer mis valores espirituales y que sobre ellos pueda construir un mundo.

Un hombre que con cada amanecer me ofrezca una ilusión. Que alimente nuestro amor con delicadeza; para quien una flor entregada con un beso tenga más valor que una joya enviada con un mensajero. Un hombre con el que pueda hablar, que jamás corte el puente de comunicación y ante a quien me atreva a decir todo lo que pienso, sin temor a que me juzgue o a que se ofenda. Y que sea capaz de decírmelo todo, inclusive que no me ama.

Un hombre que tenga siempre los brazos extendidos para que yo me refugie en ellos cuando me sienta amenazada o insegura: Que conozca su fortaleza y mi debilidad, pero que jamás se aproveche de ellas...

Un hombre que goce dando, y que sepa recibir. Que no tenga miedo de amar ni se envanezca porque es amado. Y que goce de cada minuto de amor como si fuera el último.

Cuando lo encuentre lo amaré intensamente."

Anónima

lunes, 3 de diciembre de 2007

¿Qué siento ahora?


¿Qué siento ahora?
No tengo frío...
No tengo calor...
No estoy triste...
Ni tampoco feliz...
Pasan por mi mente recuerdos...
Buenos, muy buenos algunos. Y tantos otros malos.
Y aún así no siento nada.
No hay alegría en mi en este momento.
Tampoco tristeza. Todavía no logro comprender mucho.
Deseo hablar con él.
Deseo sentir su mano junto a la mía.
Deseo ver sus ojos y sus labios.
Y no sé qué sentir.
No sé cómo sentirme.
Cómo explicarme!
No me entiendo!
Me siento perdida dentro de mí misma...
¿Qué siento ahora?